viernes, 26 de septiembre de 2008
Nuevos pensamientos disparatados sobre la NBA
Recapacitando los acontecimientos de la temporada del año pasado; la coronación de los Celtics, la nueva ascensión de los Lakers, la décima derrota precoz de los Rockets, los jugadores en repecho y los jugadores en pendiente, las interpretaciones heroicas de ellos, y además sobre los sucesos presenciados en Beijing.
Especulando sobre el porvenir; la añadidura arriesgada de Ron Artest a los Rockets, las alteraciones neurálgicas de los Nuggets, Warriors, Clippers, 76ers, Raptors, etcétera, la reaparición de la superestrella Dwyane Wade, los envejecimientos de las superestrellas de antaño como Shaquille O’Neal, Steve Nash, Jason Kidd, Allen Iverson, Tim Duncan, etcétera, el juego de las sillas de los entrenadores, y la aparente invencibilidad de los Lakers.
Ahora quiero escribir un poco sobre algunos de mis cavilaciones aunque propenden ser insensatas, presuntuosas y bruscamente entabladas y zanjadas; empezaré con la coronación de los Celtics:
Aunque fue verosímil debido a la potencia de la combinación hercúlea de Kevin Garnett, Paul Pierce y Ray Allen, la reconquista céltica de la NBA no fue nada fácil. Tuvieron que guerrear contra los equipos menospreciados de la conferencia oriental; los imberbes Hawks los tenían arrinconados a causa del atletismo inagotable y la juventud inconsciente; los Cavs, a cuestas de los hombros anchurosos y musculosos de LeBron James, hicieron lo mismo; y en las finales orientales vencieron a los veteranos de Detroit con un profesionalismo portentoso.
Y, al fin y al cabo, pasaron a los Lakers y a un Kobe Bryant humillado por alto. Con esa victoria, los Celtics merecen ser ensalzados eternamente como equipo; Doc Rivers amerita una posición vitalicia como entrenador céltico; y Kevin Garnett erigió una efigie adyacente a los gigantes inmortales de la historia baloncestista.
Los Lakers, pues este equipo es fácilmente el más talentoso de la liga, y por mi parecer, nadie se acerca de él en este aspecto. El equipo beneficia del actual jugador más valioso de la NBA, el antemencionado Kobe Bryant; el español Pau Gasol es el perfecto pívot para el ataque triangular; el enigmático pero versátil ala pívot Lamar Odom está en su ambiente preferido como jugador complementario; el lampiño pívot Andrew Bynum es profetizado como una estrella sin cúspide; y además posee la manada de jugadores secundarios más guarnecida de la NBA; y sobre todo eso, el equipo está capitaneado por el maestro del zen, el nueve veces campeón Phil Jackson.
Por el odio encarnecido hacia este equipo angelino, siento un regusto en mí tan asqueroso al pensar en él que podré dejar de escribir este artículo, sin embargo, no me doy por vencido ante este equipo porque sólo está superficialmente fornido; dentro de sí le falta el denuedo ineludible para ganar el campeonato.
Desgraciadamente, cuando reflejo sobre los Rockets mi cariño eterno hacia ellos no basta para lograr esquivar su propia carencia de denuedo, pero no anímica como la de los Lakers, sino física, pues sus dos pilares primordiales aparentemente carecen de la fortaleza corpórea necesaria para sobrevivir los flagelos de la temporada agotadora y la postemporada escabrosa.
Pienso que la alineación perfecta de sus estrellas es demasiadamente inverosímil, por ende sin ella los cuerpos quebradizos de Yao Ming y Tracy McGrady y, por ósmosis inexplicable, de sus compañeros no podrán llegar a los playoffs ilesos; en efecto, ese acaecimiento no ha sido visto el las cuatro temporadas que ambos han pasado emparejados, ¿será el quinto lanzamiento el nítido?
La NBA es una liga indudablemente de los jugadores, en consecuencia la suerte de ella está vinculada a sus jugadores; actualmente me encuentro vacilando sobre el porvenir de ella a causa de que no tengo tanta confianza en los jugadores recién destellados ante nosotros.
Incluso desconfío en el rey de ellos, LeBron James, por su dependencia en sus atributos atléticos en vez de la cualidad de sus habilidades baloncestistas. Esa misma característica, que por mi parecer es muy dañoso a largo plazo, corre desenfrenadamente en las mentalidades de varios de sus nuevas estrellas, y desgraciadamente, es celebrada por la liga e incluso la gran mayoría de sus aficionados fáciles porque se trasmite espectaculosamente a través del televisor.
Me entristezco al pensar que jugadores como Kevin Garnett, Tracy McGrady, Kobe Bryant, Tim Duncan, Manu Ginobili, Ray Allen, etcétera, es decir, jugadores habilitados sobremanera, evidentemente serán reemplazados por jugadores como Dwight Howard, Josh Smith, Dwyane Wade, LeBron James, Amaré Stoudamire, etcétera. Es cierto que jugadores veinteañeros como Chris Paul, Carmelo Anthony, Chris Bosh, Deron Williams, Pau Gasol, Monta Ellis, Brandon Roy, etcétera existen y están haciendo proezas dignas de alabanza, pero, por mi parecer, por pesimista e irracional que sea, son escasos y no son patrocinados por la liga y sus fans como los predilectos que suelen repletar los rollos de momentos destacados.
Me dicen que la agregación de Ron Artest a los Rockets los ayudará a sobrevivir las lesiones inesquivables del chino de Shanghái y del floridense; sin duda, pero el equipo añorará a Yao Ming o Tracy McGrady en la postemporada, no obstante que el que se quede a salvo de lesión se armoniza bonitamente con el maniático guerrero neoyorquino.
Si usted lector vislumbra una aversión sardónica, pero real, hacia Ron Artest en mi prosa, no es un espejismo, pues obviamente ya he juzgado su adición como equivocada, porque por mi parecer él es una granada sin seguro lista para estallar. Pero esa animosidad no ofusca su valor como jugador, pues es palmaria su cualidad superior como jugador; fundamentalmente es cabal y eso, como ya he implicado, me encanta; defensivamente es uno de los mejores sino el mejor de la liga; y ofensivamente es excesivamente menospreciado, en efecto, es básicamente imparable cuando está enfocado.
No deja lugar a dudas, como un jugador, él es inasequible y la inversión no es tan comprometida, pero también su temperamento explosivo ha sido fundado a través de antecedentes infames; suele ser incontrolable, imprevisible, hipersensible, fragoroso, titubeante, y de orgullo delicado. En fin, me inclino más hacia el porvenir, por lo menos, decepcionante, y, a lo más, catastrófico, pero mantengo una esperanza, aunque diminutiva, viva hacia lo glorioso también porque, como nos ha dicho Tracy McGrady, nada es imposible.
Es muy triste para un admirador - como yo - de Allen Iverson ver a la postrimería de su carrera en tan bajas condiciones; sin porvenir fructuoso a pesar de sus esfuerzos sobrenaturales para prolongar su trayectoria mucho más de lo que previeron sus antagonistas numerosos e incluso sus más leales aficionados. En su actualidad miserable se encuentra en un equipo francamente dimisionario, pues qué más se puede decir de un equipo después de un verano de deconstrucción, enfrentando a una época de reconstrucción y encabezado por un entrenador que no se puede respetar porque todo el mundo sabe que no regresará.
Quizás podrás decir que llueve sobre mojado con Iverson, que siempre ha sido así y que eso tiene mucho más que ver con él, más bien con su estilo de juego, que con la baja gestión de los ejecutivos que han tenido sus equipos. Bueno, todo es posible, pero para mí él ha sido victimado por equipos que lo han usado sólo para vender boletos y por entrenadores que han encontrado en él su chivo expiatorio.
Salvo un intercambio misericordioso a un equipo menesteroso de sus habilidades, pero a su vez idóneo sin él para el éxito, el callejón en que se encuentra se mostrará efectivamente sin salida.
Bueno, hasta la próxima vez que me pegue una ráfaga baloncestista.
viernes, 18 de abril de 2008
La primera ronda: Conferencia Oeste
El único capaz de cambiar el destino tan verosímil de este enfrentamiento de dos equipos tan desiguales es el veterano de tantas vencidas inesperadas, como individual, a lo largo de su vida difícil, e inclusive como un jugador profesional del baloncesto, Allen Iverson. Pues, sino él, ¿quién? A Carmelo Anthony, desafortunadamente, le falta mucho tiempo para madurar como una persona y jugador profesional; George Karl, por mi parecer, es el entrenador de los Nuggets sólo en cuerpo, pues su alma y su corazón están tan ausentes como la defensa de los Nuggets.
Entre ambos equipos, la desigualdad es tan intensa y profunda que AI tendrá que producir rendimientos milagrosos sólo para vencer a los Lakers en unos cuantos partidos, pero, al fin y al cabo, hay un jugador en el equipo de los Lakers que produce rendimientos sobrenaturales a lo natural, y ese, por supuesto, es Kobe Bryant.
Me da pena por AI, pues ya está envejeciendo, y aunque su cuerpo indestructible y su resistencia interminable parecen vitalicios, alguna de estas temporadas cercanas marcará su término, y este inimitable gigante pequeño e ingrávido, cuya historia nunca mas se repetirá, será paulatinamente tirado hacia el olvido inmeritorio.
Los Lakers en cuatro partidos melancólicos.
4. Utah Jazz v. 5. Houston Rockets
Podrás decir que lo mismo se puede decir de Tracy McGrady, pero las diferencias son estas: McGrady no ha cautivado a millones de aficionados del baloncesto desde adolescente, después, como universitario y, hoy en día, como profesional como Allen Iverson; McGrady no ha disfrutado del éxito individual que le trujo el premio de MVP a AI, tampoco el éxito de equipo; e inclusive, y más impresionadamente – o escandalizadamente, dependiendo de tu punto de vista –, no ha mudado la cultura de la NBA tal como AI lo hizo desde la noche que burló a Michael Jordan con su crossover en su temporada de novato.
Sin embargo, para McGrady, todavía le resta tiempo para desviar su camino, actualmente, sentenciado a la indiferencia común y destrozadora debido a los malogrados hazañas, hacia una semejante al de AI, que se recordara no como se debe de recordar, pero por algunos escasos vencimientos inesperados. En esta postemporada, Tracy McGrady se ha topado con una oportunidad propicia y, desgraciadamente, familiar, para obtener alguna forma de inmortalidad, en la forma de los Utah Jazz, cuya superioridad obvia, acoplada con la carencia de su propio equipo, transformó al vencimiento inesperado de los Jazz al más inverosímil – el de los Lakers es imposible – de esta mitad de la postemporada.
¿Cómo pueden ganar los Rockets? Bueno, sabemos que los Jazz no son el mismo equipo como casero que son como visitante, menos mal para los Rockets; sabemos que los Jazz no tienen a nadie que puede con McGrady, menos mal para McGrady; y sabemos que los dioses del baloncesto deben de estar demasiadamente molestos con los Jazz por el regalo sin vergüenza del partido contra los Spurs.
¿Qué han hecho para merecer la mala suerte que les ha tocado?
Los Jazz en cinco juegos tradicionales.
2. New Orleans Hornets v. 7. Dallas Mavericks
Bien sabíamos que nos iba tocar algunas series increíblemente excitantes por ser la primera ronda en la repleta Conferencia Oeste, pero ya que están aquí, ¿puedes creer los que nos toca?En esta encontramos a dos equipos capaces de ser superiores de todos de los equipos de la Conferencia Este, menos a los Celtics, ¡y ni siquiera es la serie más increíble de la primera ronda!
Aquí, tenemos al nuevo base ejemplar de la NBA, repleto de talento y juventud, Chris Paul, y allá, vemos al veterano estable, repleto de sabiduría y óxido, Jason Kidd. Más allá, admiramos a la tenacidad inalcanzable e interminable de David West, y al otro lado, el juego gracioso y sin límite de Dirk Nowitzki. Fuera del contorno de la cancha, vichamos al hermético e intenso dirigente de los Hornets, Byron Scott, y junto, pero en contrario del, al demostrativo y dictatorial Napoleón de los Mavericks, Avery Johnson.
¿Qué más podemos pedir? Nada más.
Los Mavericks en siete partidos magníficos.
3. San Antonio Spurs v. 6. Phoenix Suns
Somos indignos de este enfrentamiento colosal, pero a la vez, qué desgracia que uno de estos equipos tendrá que ser eliminados casi en la víspera de la postemporada. Ambos equipos son más que capaces de ganar el anillo, pero en una burla de la coincidencia se encuentran frente de cada quien con tanta prisa.Burla de la coincidencia a de veras, porque los Suns consiguieron a Shaquille O’Neal para ganarles a los Spurs, y los Spurs alquilaron a Kurt Thomas para ganarles a los Suns – y los Lakers. No hay duda que Steve Kerr esperaba ansiosamente este enfrentamiento, cuyo término favorable lo confirmará como un genio, o cuyo término desfavorable lo confirmara como un pen…, pero en las finales, o quizás las semifinales de la Conferencia Oeste, ¡no en la primera ronda!
Por mi parecer, la conclusión de esta serie comprobará para siempre la maldición de Tim Duncan de los Spurs, ellos no ganarán en este año 2008, es decir, no ganarán en este año impar, e inmediatamente próximo del último campeonato.
Lo único que me molesta de la ascensión y asimilación total y perfecta de Shaq a los Suns es que Shaq, en el contorno de esta temporada, ha mostrado lo bueno y lo malo de su carácter.
Lo bueno primero; ha demostrado que cuando se impone a algo, puede lograr cualquier cosa que le de la gana, y que puede humillarse a la vejez graciosamente e inescrupulosamente. Lo malo; ha demostrado que aun es fértil para nacimiento de los rencores mezquinos en contra de todos que deja en su pasado, y que se puede vincular a la venganza pueril fácilmente.
Los Suns en siete partidos resplandecientes.
martes, 15 de abril de 2008
La primera ronda: Conferencia Este
Se despegan los formidables Celtics aspirantes del anillo, en contra de un equipo que, antiguamente, antes de esta contemporánea época sombría, calificaban y avanzaban por lo menos una vez en la postemporada, los Hawks de Atlanta. ¿Deberían preocuparse los Celtics de esta nueva culminación, años en construcción y repleto de novatos? No. Por mi parecer, bastarán seis horas de tiempo en total sobre la cancha para los tres amigos para que los Celtics les den una paliza en forma de barrida al equipo de Atlanta. Sin embargo, felicidades a los Hawks por su regreso a la postemporada, no es la culpa de ellos que se enfrenten contra uno de los equipos más completos y talentosos que hemos visto en mucho tiempo.
Los Celtics en cuatro partidos de repecho.
4. Cleveland Cavaliers v. 5. Washington Wizards
Todos andan diciendo que esta será la serie más pareja, más excitante y más interesante en la primera ronda de la Conferencia Este, pero, ¿por qué? Aunque Lebron defina jugadas impresionantes a menudo – a veces después de unos ilegales pasitos de más – el equipo de él es el más soporífico en toda la NBA. ¿Por qué? Porque en los momentos de la verdad, en los momentos donde más aspiramos ser impresionados de jugadas increíbles y bien hechas, e inclusive cuando le de la gana a Lebron, no hacen nada más que darle el balón, y complacerlo con el aparto de su camino, siempre en espera de recibir un pase lastimoso, y regularmente tardío, e intentar un tiro de tres apurado por el reloj o una bandeja tras un rebote ofensivo.
¿De donde nace ese tipo de juego? Por mi parecer, del egoísmo de Lebron, de la adoración de sus compañeros y de la complacencia de el entrenador, Mike Brown.
Además, ¿no ha sido una gran desgracia el intento de los medios de comunicación de coronarlo como un candidato de MVP a pesar de que los Cavaliers apenas ganan más de la mitad de sus partidos? Acoplándolo con los verdaderos candidatos, como Kobe Bryant, Chris Paul y Kevin Garnett - inclusivamente en frente de jugadores como Tim Duncan, Tracy McGrady y Paul Pierce -, que han disfrutado del verdadero éxito como individuales y, más importantemente, de equipo, ha sido una de los escasos disgustos de esta temporada inolvidable.
Pero así es, principalmente, por lo menos por mi parecer, porque ESPN y ABC, ambos singularmente culpables de la inmerecida campaña de MVP de Lebron, son propietarios del derecho de la emisión de las finales de la Conferencia Este. Es decir; han investido mucho en la Conferencia Este y, a través de ella, Lebron James, y por eso precisan fabricar la histeria necesaria para igualar la índice de audiencia que disfrutará TNT con la Conferencia Oeste, cuya histeria es natural de ella debido a los jugadores, y equipos repletos de historias fascinantes.
Los Wizards en seis partidos coléricos.
2. Detroit Pistons v. 7. Philadelphia 76ers
Rasheed Wallace es mi jugador favorito de la NBA, y me encanta el movimiento de cuerpo y balón que demuestra el equipo de Detroit, sin embargo, la verdad es que ya me canse de ver a él, y su equipo año tras año en la postemporada, invariablemente ejecutando las mismas jugadas, perfectamente paralelas a las de la temporada anterior, con los mismos resultados fáciles y secos.
Yo sé que el cambio por el bien del cambio no es siempre una idea propicia, pero ya han pasado cuatro temporadas después del único campeonato, y al fin de cada postemporada el rendimiento del equipo baja más y más.
Así que, háganme feliz Detroit, manda a Rasheed Wallace a Houston sin despojarnos de Yao Ming, Tracy McGrady, Shane Battier o Luis Scola. Todo es posible en este mundo, pues Joe Dumars es un genio para estas cosas.
Además, Rasheed ya gano su campeonato:Los Pistons en cinco partidos aburridísimos.
3. Orlando Magic v. 6. Toronto Raptors
¿Por qué no se encuentran los Raptors entre los mejores equipos en la NBA? Tienen un equipo repleto de jugadores talentosos, y me parece que están a salvo de jugadores egoístas, pero, sin embargo, se les imposibilita el asenso hacia las atmósferas cúspides de la NBA – y eso en la Conferencia Este. Por mi parecer, les faltan dos verdaderos líderes, uno sobre la cancha, y él otro fuera de la cancha.
Chris Bosh como el jugador superior, debe de ser ése sobre la cancha. Bosh, en efecto, es poseedor de uno de los juegos más completos entre los ala-pívots de la NBA, pero lo que le falta más es lo que le falta al equipo, la defensa. Habitualmente no contribuye defensivamente, en verdad, las veces escasas que veo a los Raptors, es raro la vez que veo a Bosh, por lo menos sacar la lengua en defensa de su área interior, y el arco. En efecto, custodiando el área más en necesidad de defensa impermeable en esa manera, sólo invita bandeja tras bandeja, y la anotación eficaz de los tiros de la oposición, y con ellos el despojo del ánimo del equipo necesario para igualar ese rendimiento.
Fuera de la cancha los Raptors buscan a un líder en su entrenador, Sam Mitchell, pero a él le falta mucho para hacer uno de los entrenadores superiores de la NBA. Aun así, ya que Mitchell está contratado por algunos cuantos años después de esta temporada, lo que precisan los Raptors es uno o, quizás, dos asistentes fuertes en el área de la defensa, semejante a lo que hicieron en Boston con la añadidura de el ex-asistente de los Rockets, Tom Thibodeau, pero, desafortunadamente, si Bosh sigue siendo el mismo, ni siquiera Greg Popovich ayudará.
Aunque todo eso me parece cierto, y aunque los Raptors nunca han producido victorias en la postemporada en esta época, posVince Carter, no dudo en su capacidad de ganarles a los Magic – si es que juegan al nivel que han mostrado durante sus rachas más beneficiosas de la temporada regular. ¿Lo demostrarán? No, bueno, lo dudo, siento que esta será la serie en donde se estrena Dwight Howard como un verdadero superstar de la NBA. Pero, a la vez, uno no puede predecir este enfrentamiento porque Howard no ha comprobado no nada el la postemporada, y los Raptors verdaderamente poseen todo lo necesario para derrotarlos; un gigante capaz de fatigar a Dwight Howard con su ataque ofensivo, y aplacar su ataque de rebotero; la puntería eficiente desde la línea de tres para neutralizar la de los Magic; y bases capaces de aventajarse de los mediocres en Orlando.
Los Magic o los Raptors en cuatro a siete partidos imprevisibles.
jueves, 3 de abril de 2008
Al fin y al cabo
Los equipos occidentales tienen sus miras precisamente ubicadas en el mero centro del pecho de los Houston Rockets. El equipo que comprueba su puntería como la más certera con un tiro en el blanco de ése pecho tendrá como un premio un pasaje sereno hacia la segundo ronda de los playoffs.
Esa es la triste realidad de esta temporada. Ahora, después de una lucha más simbólica que auténtica, estoy resignado a ella, pues siento una certidumbre implacable que ha obligado la excavación de un foso alrededor de aquella racha magnifica e inaudita que ha convertido a esta temporada en una de las más inolvidables y, de nuevo, inspiradoras.
No importa si estamos analizando los más deseables adversarios de los Warriors, que hoy en día se encuentren fuera de los playoffs, o los Spurs, que actualmente disfrutan de una posición superior y cada vez más fugaz en el primer lugar del tablero occidental. La verdad es que cada uno de ambos equipos, e inclusive los que se encuentran en medio de ellos, ambiciona un encuentro en contra de los Rockets.
En contra de los Rockets, porque últimamente después de cada partido demuestran que su racha increíble fue una aventura fantástica, creada y realizada a través de una mezcla mágica de química, amistad, suerte y circunstancia, un accidente breve de la historia cuyo restablecimiento tardío ha llegado con fuerza. Ahora los Rockets parecen, no sé si en comparación o en realidad, cansados y vacíos, como si esos 22 juegos los despojaron de todo el ánimo y esfuerzo necesario para superar las desigualdades cotidianas que enfrentan casi todas las noches sobre la cancha.
Digo eso, en mayor parte, por los comentarios recientes de Tracy McGrady. Antes de encolerizarme por ser lagrimoso y perezoso, como siempre he hecho, intenté entenderlo y encontré la manera de justificar su proceder. Tiene razón, la más clara y siempre repetida, pero cada vez ignorada, razón. Últimamente, la gran mayoría de sus compañeros disfrutan del espacio y el tiempo que precisan para contribuir a las victorias – por lo menos ofensivamente – tras de sus jugadas, sin él no son capaces de ayudar al equipo eficazmente.
Y eso no es justo, no es justo que sólo él sea capaz de crear jugadas y tiros favorables, siempre de la nada, por si mismo e inclusive para sus compañeros. Tomando en cuenta esa responsabilidad desalentadora sobre su cuerpo y ánimo, no debemos estar sorprendidos ni molestos por su cansancio visible y expresado, porque es un cansancio físico, mental y espiritual racionalmente esperado.
Regresando al tema principal de esta entrada…
Los Rockets carecen de un pívot con altura, anchura, físico y talento, un pívot capaz de enfrentarse contra los gigantes del oeste y disminuir el ataque de ellos y a la vez atacarlos con una ferocidad incalmable, un pívot como el lesionado Yao Ming. Esa carencia tiene a equipos como los Warriors, Nuggets, Mavericks y Hornets, que también carecen de ése mismo pívot, salivando por la posibilidad extremamente verosímil de aventajarse del interior viejo, diminuto o novato de los Rockets, y los equipos como los Jazz, Suns, Spurs y los Lakers, que no sufren de esa carencia, pues, ellos tienen que tener cuidado de no ahogarse en su propia baba.
Hay que contestar una preguntita que quizás nos demostrará la mera verdad de la situación de los Rockets:
¿Cuántos de los cinco titulares de los Rockets merecen la misma puesta en cualquier de los nueve principales equipos de la Conferencia Oeste?
Fácilmente podemos eliminar a uno, Dikembe Mutombo, porque a pesar de que él es, y probablemente siempre será, el jugador filántropo ejemplar de la NBA, y le echa más ganas y posee más sabiduría que tantos que han jugado, sólo puede ser quien es sobre la cancha por unos escasos minutitos.
Su vecino del interior, Luis Scola, puede ser una figura principal en todos de esos antemencionados equipos occidentales, no hay lugar de dudas en eso, pero dudo que sea un jugador titular en lugar de ala-pívots como David West, Carlos Boozer, Pau Gasol, Amaré Stoudamire, Al Harrington, Dirk Nowitzki, Kenyon Martin y Tim Duncan, ¿qué no?
En la posición de base tenemos al polémico Rafer Alston, bueno, aquí en Houston seguimos discutiéndolo como si fuese una estrella, pero en este término definido no hay nada que discutir, el único equipo en que Rafer Alston seguiría siendo titular es el equipo de Denver, derrocando a Anthony Carter.
En Shane Battier tenemos un jugador demasiadamente menospreciado que, por mi parecer, aunque les cueste una reconstrucción del quinteto titular, cualquier de los antemencionados equipos lo añadirían a su plantilla como titular.
Yo sé que eso fue un resumen básico y, quizás, mal dirigido, ¿pero equivocado? No, para mí no. Al fin y al cabo, los Rockets superaron sus propias limitaciones a través de un camino en que los niveles de intensidad, concentración, química, esfuerzo, emoción y entendimiento del equipo estuvieron todos en sus cumbres a la vez. Nadie puede combatir contra esa combinación invencible, por eso salieron invictos tras del son del pito final de 22 partidos en racha, pero ahora, en la ausencia de esa mezcla, se les imposibilita el mantenimiento de una consistencia mediocre.
lunes, 24 de marzo de 2008
Un nuevo pronóstico: Playoffs 2008

Después de la racha histórica de 22 victorias, los pies de los Rockets han sido firmemente plantados sobre la tierra a fuerzas de derrotas contra los Celtics, Hornets y Suns. Tres equipos con quien, según aquellos que guardaban cualquier tipo de escrúpulo en contra de los Rockets, se pudieron medirse de a de veras. A pesar que 22 victorias en racha contra los Heat, uno de los más trágicos e patéticos equipos que hemos visto en mucho tiempo, será una hazaña de los más inverosímiles.
Hay que ser demasiadamente atrevido en criticar a un equipo que gana tanto en la NBA, ¿qué no? Pero así son los críticos y para nada más sirven. Pues, es una barbaridad el menosprecio de un equipo que siguió ganando 10 partidos en racha después de perder a su sol, su estrella y su centro.
Por eso agradezco a todos los integrantes de los Rockets, desde el dueño hasta los barrenderos de la cancha y estadio, por una breve época edificante de la historia de los Rockets en que me sentí en las nubes como un aficionado – y eso después de un tiempecito bastante difícil. Pero eso se queda en el pasado y, como comentó Shane Battier, no se puede apreciar verdaderamente hasta que estemos ya viejos y con el provecho de la retrospección.
Ahora hay que enfocarnos en lo que sigue: los Playoffs. ¿Una repetición de los Playoffs del año anterior contra los Jazz? Parece probable si no cambia el tablero drásticamente en estas tinieblas de la temporada regular. Desafortunadamente, será muy difícil derrotar ese equipo repleto de jugadores valerosos y con estrellas tales como Deron Williams y Carlos Boozer sin el gigantesco Yao Ming cuyo ataque se encuentran incapaces de disimular.
O quizás, ¿será los Suns contra los Rockets? En ese caso no tanto cambia, especialmente ahora que los Suns están por recuperar la perdida química que olvidaron por un momento estando atónitos de la gran añadidura de Shaquille O’Neal. Ahora que se entienden son un equipo que merecen ser tomados en cuenta por cualquier contrario con quien se enfrenten en el camino hacia las finales, inclusivamente los Rockets, de nuevo, especialmente por la perdida de Yao Ming.
Entonces, ¿contra quien queremos enfrentarnos?
Si tiene que ser algunos, que sean los Mavericks. Los Mavericks son los únicos entre los tres equipos occidentales que drásticamente transformaron sus aspectos y que no han encontrado el camino propicio para reforzar las posibilidades de ganar un campeonato – y eso fue antes de la salida indefinida de Dirk Nowitzki. Ahora, no les queda tiempo como un equipo completo en la temporada regular para esa búsqueda, tendrán que conocerlo al vuelo turbulento de los Playoffs y, ojalá, contra los Rockets y con un Dirk todavía recuperándose.
Los Warriors son la segunda opción porque son muy capaces de perder sus cabezas en los momentos más inoportunos y convertirse en un equipo cualquier, un equipo fácil de derrotar. Pero a la vez, cuando están completamente cuerdos, capaces son de ganarle a cualquier equipo de la NBA – ya comprobaron esto contra los antemencionados Mavericks. Pero, aunque cuerdos, le doy la ventaja a los Rockets en este posible y deseable enfrentamiento. Los Rockets, cuya defensa es más que capaz de disimular su ataque y cuyo ataque propio es más que capaz de aventajarse de la defensa floja de los Warriors, no se cagaran como los Mavericks.
En fin, que venga quien venga, esta temporada ha sido de las más memorables, tan memorable que una derrota ni siquiera en forma de paliza, echar a perder los acontecimientos históricos e inspiradores de los Rockets del año 2008.
martes, 26 de febrero de 2008
Quiero llorar...
Aunque bien sabía que era posible, no estuve nada preparado para recibir este golpe fatal, por lo menos para el equipo, y bastante desalentador para mí.
martes, 19 de febrero de 2008
Los Rockets actuales: ¿En despegue o en la cumbre?
Tras la racha de ocho victorias, aficionados de los Rockets andan pensando en el porvenir, ¿seguirán subiendo el tablero pronto añadiéndose a los verdaderos luchadores por el anillo o, al contrario, los próximos equipos en el calendario -más fuertes que los últimos- los tumbarán de las nubes dejándolos firmemente plantados en la mediocridad?
Más cercana está la repuesta de esta siguiente pregunta: ¿Le conviene a Daryl Morey hacer algún traspaso para reforzar el equipo? Si sí, ¿lo hará?
Y más allá de esta temporada se encuentra la respuesta, o mejor dicho, la reacción ejecutiva de esta situación: ¿Qué será de la trayectoria de los Rockets si de nuevo son derrotados en la primera ronda de los Playoffs? Más al punto, ¿qué pasa con la idea esperanzadora de la emparejada de Yao Ming y Tracy McGrady?
La primera: Como aficionado fiel de los Rockets es difícil inventar una contestación imparcial sin la apariencia de mi hincha por ellos, por ejemplo:
Ya los puedo ver marchando por el mismo camino triunfador, mejorando como equipo en todo tipo de aspecto del baloncesto hacia la cumbre de la Conferencia Oeste y después las Finales de la NBA.
Pero hay que plantar los pies en la tierra: Entre esa racha antemencionada de ocho victorias encontraremos un sólo equipo que actualmente se encuentra entre los ocho mejores de la Conferencia Oeste; los Warriors de Golden State. Asimismo encontraremos sólo uno que actualmente se encuentra entre los ocho mejores de la Conferencia Este; los Cavaliers de Lebron James.
Al cabo y al fin, cuando tomamos en cuenta el rendimiento del equipo en el año 2008 -que según ha señalado el ascenso de los Rockets- veremos solo cinco victorias entre las diecisiete que han sido contra equipos actualmente en los Playoffs en ambas conferencias.
Pájaro de mal agüero: Al mismo tiempo que hemos visto el aparente ascenso de los Rockets también hemos sido testigos de una declinación actual del rendimiento del importantísimo Tracy McGrady.
Eso no puede seguir si los Rockets esperan a, no tan solo avanzar en los Playoffs, pero hasta en clasificar por ellos en la durísima Conferencia Oeste amontonada de equipos asimismo merecedores de uno de los ocho puestos.
La segunda: No hay lugar para contestarla ilógicamente pues es obvio que los Rockets -así como todos los equipos en la NBA- beneficiarán de mejoramientos, sin embargo la verdad es que poseen pocas piezas atractivas a otros equipos e incluso el dueño pretende quedarse fuera del territorio del luxury tax.
Así que, la predicción más verosímil es la que dice que no va ver movimiento en Houston, aunque Morey no deja lugar a dudas que está en una búsqueda exhaustiva de cualquier manera de mejorar el equipo.
La tercera: Pues ni quiero imaginar ese acontecimiento decepcionante, pero la realidad de la Conferencia Oeste es que varios equipos van a concluir la temporada desilusionados porque sólo puede surgir un equipo conquistador entre tantos que esperan conquistar. Incluso, por mi parecer, quedarán hasta dos equipos disgustadísimos después de ser derrotados por un equipo supuestamente de abajo, ¿pueden ser los Rockets uno de ésos triunfadores? Por supuesto que sí, ¿es probable?
New Orleans, por ejemplo, es un equipo deseable porque, aunque han disfrutado de una reciente historia próspera contra los Rockets, existe una desigualdad en experiencia y en ansias entre ambos equipos a favor de los Rockets.
Al contrario, los Mavericks, especialmente con la adición de Jason Kidd y la tenacidad antes ausente que viene acoplada con él, le darán una verdadera paliza a los Rockets a causa de que tienen la ventaja en talento, experiencia, ansias y una nueva esperanza en Kidd.
Viendo hacia el futuro –como la tercera pregunta requiere-, veo que sino sucede algo imprevisto el final de los Rockets llegara mucho más pronto que esperábamos en las vísperas de esta temporada.
Después vendrán las evaluaciones del dueño, cuyas esperanzas eran de un producto no visto desde la época de Hakeem. Se juntara con el ejecutivo e entrenador en una reunión sombría sobre el asunto del fracaso nuevo de los Rockets.
En esa reunión inevitablemente juzgarán la pareja de Yao Ming y Tracy McGrady, cuyos argumentos pueden llegar a dos conclusiones:
La primera: La pareja se ha trasnochada y requiere una mudanza.
La segunda: La pareja, a pesar de sus desdichas, es la más fuerte en la NBA.
La primera en más detalle: Al final de una discusión corta llegarán al acuerdo que, por distintas razones -algunas fuera de su control como el hecho irrefutable que todo China apoya apasionadamente e económicamente a Yao Ming y a través de él, los Rockets-, Tracy McGrady es el que precisa partir.
La segunda en más detalle: Al contrario, y al derecho, saldrán de esa reunión con un nuevo objetivo de invertir más en el equipo asegurándose que no hay mejor dúo en la NBA, nada más hay dúos reforzados por una viga de sostén en forma de un tercer integrante protagonista.
¿Se acuerdan cuando pensábamos que dos estrellas bastaban para ganar un anillo? Ahora, la trayectoria de la NBA ha desviado hacia la de tres estrellas. Es increíble, ¿qué no?
Esa es la que los Rockets deben de seguir a pesar del costo, puesto que, si en verdad quieren competir por un anillo hay que abrir el bolsillo.
Sino, por lo menos hay que añadir un anotador tercero (¿Qué tal Juan Carlos?), otro rebotero (Hasta Kwame Brown basta para eso.) y quizás finalmente podremos solucionar la deficiencia en la posición de base (Eh, ¿Chris Duhon?).

