lunes, 26 de noviembre de 2007

¡Por fin!


Por fin juega Steve Francis en una situación justa para medir su capacidad verdadera de contribuir a la meta de esté equipo, que—antes de jugar bases con un predeterminado y cerrado estilo—es ganar.

Por mi parecer, de lo que fuimos testigos fue una inyección de energía atlética y moral—casi espiritual—que solo un jugador con el físico y ánimo de Francis puede suplir; se apareció en le banco en los rostros de sus compañeros, se resonó ensordecidamente en el estadio cada vez que toco la pelota, y lo sentí tiernamente sentado en mi sillón en casa.

Y con todo eso, aunque siento que son mis pensamientos acertados y que sus confirmaciones están por venir prestamente, poseo un presentimiento sombrío que el entrenador del equipo lo jugo y solamente lo va a jugar en el futuro en caso de lesión como fue está con el tobillo torcido de Bonzi Wells.

Hablando un poco más seriamente, lo que suele pasar conmigo es que me aseguro de espejismos utopías, como bien puede ser éste del gran auxilio de Steve Francis, y también de espejismos perjudiciales, como también puede ser éste del pertinaz de Rick Adelman.

La verdad se encontrara en el grande espacio de mis dos extremos pensamientos, con suerte se encuentra hacia la del anterior de ésa manera podremos ver el máximo nivel de entretenimiento emparejado con el máximo nivel de forma baloncesto.

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